Joyas que descubres leyendo a contracorriente

La pLa parte de los ángelesarte de los ángeles, Marian Izaguirre

 

LVII Premio de Novela Ateneo-Ciudad de Valladolid

Editorial Algaida – 2011

 

 

 “La parte de los ángeles”…un impuesto que hay que pagar al cielo en el proceso de envejecimiento”.

Dos jóvenes músicos se conocen en Holanda, cuando ambos participan en un concurso internacional de violín, y durante veinte largos años forman una pareja llena de luces y sombras jalonadas entre Rotterdam, Siena, Nueva York y El Cabo de Gata. Cuando Ricardo abandone a Irene por una mujer más joven, se enfrentarán al desafío de vivir el uno sin el otro.

Parece un argumento muy trillado ¿verdad? Pues Marian Izaguirre tiene la capacidad de convertirlo en algo sublime.

No solo nos narra el proceso de derrumbamiento de una pareja, también nos cuenta, con su prosa dinámica y exenta de dramatismos, la frustración, el rencor y la derrota que implica la ruptura. Cómo el tiempo termina por poner a cada uno en su lugar y nos permite reflexionar y comprender las posturas de “el otro”.

“Cada pareja tiene un tiempo para ser felices y un tiempo para ser desgraciados. Nosotros habíamos agotado los dos”

 

Marian Izaguirre ha sido galardonada con numerosos premio literarios.

La escritora nos hace reflexionar sobre “nuestra parte de culpa en toda relación”. Nadie es por completo una víctima inocente, ni un traidor absoluto. Somos responsables últimos de nuestras decisiones y de la trayectoria que toma nuestra vida. Eso viene a decirnos Marian Izaguirre en esta joya que he descubierto con mi manía de leer lo que nadie lee:

“El rencor es un sentimiento que agota. A veces es mucho mejor ceder, total qué más da quien tenga razón, nadie es completamente inocente o completamente culpable. … al final hay que admitir que las responsabilidades pueden ser compartidas, es mucho más sano.”

“No perdí, ni me desviaron, simplemente no tenía verdadero interés en ganar”

 

Literariamente, estamos ante una novela bien construida, con continuos saltos temporales que no te hacen perder el hilo narrativo, al contrario, consiguen dinamizar la historia y acrecentar el interés del lector.

Hay un exhaustivo trabajo documental sobre técnicas y teorías muViolin-Classessicales  que convierte a la música clásica en un personaje más de la narración, en ocasiones con demasiado protagonismos para mí. Me gusta este tipo de música, pero me pierdo en tanto virtuosismos. Si eres aficionado este libro te va a encantar por completo.

La parte de los ángeles ganó en 2011 el LVII Premio de Novela Ateneo—Ciudad de Valladolid. Un merecido galardón como otros muchos que ya tiene la escritora: el Sésamo, el Andalucía de novela, el Ciudad de Salamanca o el Caja España de Cuentos.

Me gusta leer a “contracorriente” y descubrir lecturas maravillosas que hace tiempo salieron de la mesa de novedades y andan olvidadas. Me costó encontrar esta novela, fue saldada por editorial Algaida y por suerte una librería on line tenía un último ejemplar en sus almacenes.

¿Cómo pueden perderse joyas así entre el maremágnum de libros que se publican cada año? ¿Por qué no se ha vuelto a reeditar?

Me ha encantado recuperar esta historia de su olvido y comprobar una vez más que Marian Izaguirre es un valor seguro de la literatura en español, como demuestra en cada una de sus novelas y volverá a ratificar en “Cuando aparecen los hombres”, su última novela recién publicCuando aparecen los hombresada y que espero leer en breve.

Releyendo Jane Eyre de Charlotte Brönte

Jean Eyre - Charlotte Brönte

Cuidada edición de ALBA, con traducción de Carmen Martín Gaite

 

Jane Eyre/Lucía no se rinden

Últimamente leo pocos libros en papel. Confieso que me resulta más cómodo transportar en mi bolso un e-reader y aprovechar cualquier ratillo para leer unas páginas. Pero siguen fascinándome las buenas ediciones y no me pude resistir a la magnífica reedición de Jane Eyre (Charlotte Brönte 1847) por ALBA, con traducción de mi admirada Carmen Martín Gaite.

Ha sido una gozada total. Y no sólo por tener en mis manos una novela con “guía” —algo que a mí particularmente me encanta—, o por disfrutar de una traducción y notas a pie de páginas impecables, con expresiones tan españolas como:“la cosa tenía miga” o “asestar una puñalada” (hay muchas más, pero tendréis que leerla para descubrirlas), ni por comprobar cuan diferente es tu forma de comprender una historia siendo adolescente que con un porrón de años, experiencia de vida y otras lecturas a tus espaldas.

No, lo que me ha entusiasmado es comprobar que entre la heroína de Charlotte Brönte, Jane Eyre, y mi protagonista de Promesas de arena, Lucía Álvarez, sorprendentemente, hay varios puntos en común a pesar del siglo y medio que separa la publicación de ambas novelas.

Ambas defienden la igualdad de sexos, y ven lo injusto que es la postura de la sociedad ante el papel y la opinión que se difunde sobre las mujeres:

Jane Eyre — Primera parte — Capítulo XII, página 177

“ …supone una gran estrechez de miras por parte de algún ilustre congénere del sexo masculino opinar que la mujer debe limitarse a hacer repostería, tejer calcetines, tocar el piano y bordar bolsos. Condenarlas o reírse de ellas cuando pretenden aprender más cosas o dedicarse a tareas que se han declarado impropias de su sexo es fruto de la necedad”

Jane rechaza las limitaciones que quieren imponerle desde niña y solo se ciñe a sus propias metas, como  Lucía, no se rinde ante la adversidad, sino que sigue adelante y se sobrepone a  los avatares y desgracias que le deparan sus propias decisiones.

Jane Eyre — Tercera parte — Capítulo I, página 498

“…Pero pronto reaccioné: me puse primero a cuatro patas y luego de rodillas hasta que pude enderezarme del todo, más decidida que nunca a alcanzar la carretera”

 

Promesas de arena, Laura Garzón

Promesas de arena, Laura Garzón

Pero lo que más me ha satisfecho es comprobar que Jane Eyre, como Promesas de arena, es una gran historia de amor en la que su protagonista vive una pasión abrasadora en una continua duda consigo misma: Jane es consciente de su poco atractivo físico, y de la gran diferencia social que la separa de su amado; duda merecer, no solo su amor, sino atreverse a amarle aunque no lo puede evitar.

Lucía se dice a sí misma:

Promesas de arena — Capítulo 6 — ¿Por qué yo?, página 39

“Pero no entendía por qué me habías elegido. Cuando al final de las agotadoras jornadas me quitaba el pañuelo y me miraba al espejo, veía una chica de ojos castaños, rostro más bien alargado, ojeras eternas y demasiado delgada. Cada vez más delgada. Estaba segura que a ti te gustaban con buena delantera y generosas de curvas.”

Hayzam, seduciendo a Lucía

Hayzam, seduciendo a Lucía

 Y, como Jane, Lucía también sabe que esa pasión que siente sólo la puede arrastras a los infiernos:

Promesas de arena — Capítulo 22 — De tal palo…, página 128

 “…¿Y yo? ¿En qué me convertiría yo?…Siempre estaría esperando y temiendo que no regresara de alguno de sus misteriosos viajes de negocios. Unos negocios sucios, amorales, deshonestos, y por supuesto ilícitos, a los que yo ya era incapaz de cerrar los ojos.”

Charlotte Brönte

Charlotte Brönte

No pretendo compararme con una autora como Charlotte Brönte, ¡por Dios! Pero sí quiero constatar que las dos vemos a nuestras protagonistas femeninas capaces de coger con fuerza y tino las riendas de su destino.

Que todas las mujeres somos capaces de actuar igual: superarnos día a día y elegir lo mejor para nuestra propia vida, elegirnos a nosotras mismas, más allá de una pasión que nos daña.

 

Los gustos lectores son como los colores

 

Para elegir libros, los lectores

Los gustos de lectura son tan individuales como las personas.

“Para gustos, los colores” es un dicho popular de todos conocido que nos da a entender que en preferencias no hay nada escrito… ¿o sí?

En la percepción del espectro cromático hay un importantísimo componente físico  ya que captamos las diferencias cromáticas con la retina pero luego esta percepción  pasa por el prisma de nuestra subjetividad.

De hecho, la Psicología del Color es un campo de estudio dirigido a analizar el efecto del color sobre nuestra psicología a todos los niveles: percepción, pensamiento, conducta… Es más, el estudio de la percepción de los colores constituye una consideración habitual en el diseño arquitectónico, la moda, la señalética y el arte publicitario. Esto último lo sé muy bien, vengo del mundo de la publicidad. Los colores cálidos: rojo, amarillo, naranja suelen provocar reacciones que van desde el confort a la irritabilidad; y los colores fríos: azul, verde, morado,  inducen a la calma pero también a la tristeza y a la indiferencia.

Para gustos los colores

La realidad tiene el color del cristal con que se mira.

Se sabe que hay colores que tienen significados universales, o sea, funcionan para muchas culturas, pero también cada persona hace su propia escala. Una vez más la individualidad toma protagonismo.

Curiosamente uno de los primeros estudiosos que analizó las propiedades del color fue el mismísimo Aristóteles (384 a.C.–322 a.C.), quien describió los colores básicos relacionados con la tierra, el agua, el cielo y el fuego.

Pero el precursor último de la psicología del color sin embargo, fue el poeta y científico alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) -¡el escritor romántico de Las cuitas del  joven Werther!- que en su tratado “Teoría del color” propuso que el color en realidad depende, además de factores físicos (como propuso en su día Sir Isaac Newton) de nuestra percepción, en la que se halla involucrado el cerebro y  los mecanismos del sentido de la vista.

Más tarde, Eva Heller (1948-2008) relacionaría los colores con los sentimientos basándose en que existen montones de experiencias universales profundamente enraizadas en nuestro lenguaje y en nuestro pensamiento: dichos y saberes populares, el diseño de productos, test de colores, la curación, la manipulación de las personas, los nombres y apellidos, etc.

“Así como un ‘color’ o ‘mezcla de color’ favorito que es tan sólo un criterio, no puede estar asociado a la idea de ‘belleza’ pues el concepto ‘favorito’ es subjetivo”

Eva Heller fue socióloga, psicóloga y profesora de teoría de la comunicación y psicología de los colores. Entre sus obras destacan diversas publicaciones para niños:” La verdadera historia de los colores” (2006), así como novelas: “A la tercera va la vencida” (1990)”, de nuevo una escritora hablando de colores.

Bueno, pues lo mismo pasa, creo yo, con los gustos lectores. Hace poco, en uno de los grupos de lectura a los que estoy suscrita –y sinceramente no recuerdo cual, ya que al poco no volví a encontrar el hilo- una de las lectoras propuso comentar qué libro o libros nos había sido imposible continuar leyendo, es decir qué autores considerábamos “ilegibles”.  Y fijaros que se habla de “ilegibles” y no “densos”, que para mí no es lo mismo.

Tres maestros de la narrativa sudaméricana

Imprescindibles, no ilegibles.

Ante mi estupor, entre los libros y autores odiados por los lectores que respondieron al post estaban: Rayuela de Cortázar, La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón, Entre costuras de María Dueñas, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez… por mencionar sólo aquellos autores y narraciones que a mí me han dejado totalmente admirada. Por supuesto se mencionaban muchos más –como Pablo Coelho, que sinceramente yo soy incapaz de leer y no porque considere que es un mal escritor, sino porque siempre me he resistido a que me den “clases de vida”.

Pues eso, que en los gustos de lectura supongo que también influye tu percepción cultural, tu sensibilidad, tu capacidad para percibir la belleza o cuestionarte la vida.

Yo leo de todo; sí, también Romántica y Erótica, y Novela negra,  y Fantástica, y Ciencia Ficción…  y cualquier libro que me haga soñar sin insultar mi inteligencia. Porque todos los géneros son válidos si el escritor sabe lo que hace y lo hace con maestría.

Cada lector que escoja sus lecturas, acorde con su gusto y su estado de ánimo. Pero a las personas que, por ejemplo, son incapaces de leer a Cortázar, a García Márquez o Vargas Llosa les aconsejaría que vuelvan a intentarlo, tal vez cuando cogieron sus libros para leerlos no estaban preparados para ellos y ahora sí puedan apreciar el valor de un texto bien escrito y una narración que además de contar una historia, remueve tu conciencia y te llega al corazón. Por experiencia propia sé que cada libro –y cada color- tiene su momento.

Alicia un cuento para niños grandes

Lewis Carroll llenó de acertijos y juegos de palabras su libro.

Si no ¿probad a leer de nuevo Alicia en el País de las Maravillas, o El Principito, con algo más de los diez a doce años que teníamos cuando nos regalaron esos libros?