VIII Encuentro RA

Mi encuentro con la novela romántica

El pasado sábado, 16 de febrero, Merche Diolch, organizadora del VIII Encuentro RA, me entrevistó como colofón de este evento sobre novela romántica, en el espacio “Más allá de la escritura”.

Llegué antes, quería asistir a una de las ponencias que parecía interesante: Las nuevas tecnologías en la literatura, impartida por el Global Product Partnerships Manager de Google.

Tremenda decepción y tremendo mosqueo. Ya no es que la charla impartida por este señor consistiera únicamente en una promoción de su buscador, es que mostró en todo momento un trato paternalista, considerando a su auditorio casi como analfabetas digitales. La coletilla de sus explicaciones para párvulos era: “si no os aclaráis seguro que tenéis UN hermano, amigo o hijo que os puede echar una mano…” O sea, una figura masculina que sí entiende las nuevas tecnologías que vosotras, pobres mujeres románticas, no podéis llegar a entender. No se molestó ni en buscar ejemplos con la autoras que participaban en el evento y seguramente llevan años entrando y saliendo de Google, maquetando y autopublicando sus novelas en plataformas digitales. Para mí fue una muestra más de lo denostado que está el género considerado “típicamente femenino”. Ni siquiera sus patrocinadores toman en serio a las autoras y lectoras de literatura romántica.

Igual que una película de sobremesa dominguera ─sostiene el periodista de 20minutos Jorge París─, el fin de la novela romántica es más o menos el mismo: distracción sin pedir grandes dosis de calidad. Lo que importa en el telefilme con el que uno se acurruca y se deja llevar unas horas es lo mismo que en la novela rosa: entretenimiento sin más, una trama que enganche. “Lo fundamental es que te atrape, que sea una historia de amor y que termine bien”, asegura Esther Escoriza, editora de Esencia (Planeta), uno de los sellos fundamentales del género. “Es novela de género y la calidad no es lo fundamental”, señala. Hay cosas que nunca cambian, aunque en esta clase de historias el rumbo comercial ha dado un poderoso giro.

Yo sostengo que cualquier género literario es válido si su autor o autora saben escribir.

La novela romántica vende, y vende mucho. Los dos gigantes editoriales españoles, Planeta y Penguin Random House, lo saben clarísimo y tienen en sus grupos varios sellos editoriales, tanto en papel como digital, que se dedican al género. Esencia y Zafiro, en el caso de Planeta y Cisne y la reciente Selecta en el caso de PRH.

Grupos editoriales que dominan la edición en España

 

Pero si hay una editorial que se distingue por su dedicación en exclusiva al género romántico es Harlequin, de HarperCollins, editorial comprada en 2014 por el magnate australiano Rupert Murdoch, prueba indiscutible de que el romance es un negocio lucrativo.

Harlequin, con más de 160 millones de libros vendidos en cientos de países, es el líder mundial indiscutible de las editoriales románticas. En los años setenta implementó una estrategia de marketing realmente rompedora, sacando novelas en formato pequeño y tapa blanda a muy bajo coste, fuera del circuito de librerías. Sus lectoras estaban en los centros comerciales, supermercados y quioscos, en las suscripciones por correo que ofrecían la discreción para una lectura que “la Cultura” despreciaba. Creó así su propio nicho de mercado y le ha ido bastante bien, desde los años ochenta lidera el mercado de romántica y hoy tiene sus propias clientas/lectoras.

La llegada del mundo digital, que muchas editoriales ven como enemigo, a Harlequin le ha venido “como anillo al dedo” ─una expresión muy acorde con la temática literaria que comentamos─, dado que la editorial siempre ha tenido  como prioridad el abaratamiento de costes y la producción en cadena. Actualmente el 60% de los ingresos de Harlequin provienen del mercado digital. Si bien la edición digital en España no es demasiado representativa y parece que ha tocado techo, en EE.UU las ventas en plataformas digitales representan más del 20% del negocio editorial.

Planeta y PRH siguen de cerca la estrategia mercadotécnica de Harlequin imitando sus acciones. Lo último, que precisamente se comentó en el Encuentro RA, es la vuelta a la “novela por entregas” en el formato digital. Un medio  de enganchar a las lectoras asiduas del género, cortando la historia en el momento álgido y manteniéndolas en vilo hasta la próxima entrega. La fórmula no es nueva pero funciona; desde el siglo de oro se editan folletines por entregas y los Dumas publicaron sus famosas novelas de esta forma con gran éxito en su época.

Como decía al principio, mi charla cerraba la jornada y la audiencia comenzaba a desalojar la sala, pero quienes se quedaron mostraron su interés por Promesas de arena y su adaptación al medio televisivo. Sobre todo a esto último. El sueño de cualquiera de las voluntariosas autoras que la llenaban es ver su novela en la tele protagonizada por las celebridades que copan la prensa del corazón. Para mí también es un sueño, como no dejé de decirles.

Les hablé de mi sorpresa ante la invitación a un foro de género romántico dado que, precisamente, si bien  Promesas de arena cuenta una historia de amor, no encaja en los cánones del género romántico, que, habitualmente, perpetua los arquetipos sociales. Es más, mi intención al escribirla era desmitificar todo los conceptos patriarcales que transmite el amor romántico y suelen mostrar las novelas del género: sumisión femenina, pérdida de la identidad, supeditar tu vida a un salvador masculino…

Promesas de arena utiliza todos los tópicos de las novelas y películas románticas clásicas: hombre atractivo y seductor, ambiente exótico, muchacha ingenua y desprotegida… para que la lectora, o el lector, reflexione sobre lo negativo y el espejismo que suponen esos arquetipos. Yo quería mostrar que “la salvación”, el empoderamiento o el crecimiento personal -como lo quieras llamar-, viene únicamente de cada persona. Lucía, la mujer que protagoniza Promesas de arena, se elige a sí misma, se solidariza con otras mujeres, se pone en lugar del otro, de la otra, comprende su cultura y sus costumbres, sin renunciar a sus convicciones, y crece como ser humano.

Quiero creer que este auditorio, y mis lectores, llegan a comprender todo esto y no se quedan simplemente con la historia de amor apasionado entre Lucía y Hayzam. Hace poco me escribía una joven sudamericana que la novela le había encantado pero no le gustaba el final. Intenté explicarle que el final era lo mejor de la novela y lo mejor para cada mujer: elegirse a sí misma.

Me despedí con un breve mitin feminista, si no, no sería yo:

“Está en nuestras manos, como autoras utilizar el género romántico para romper esas reglas que nos discriminan y nos marcan desde los años de infancia, y demostrar que el amor puede ser igualitario, que ninguna mujer debe renunciar a nada por amor, que ningún galán le va a solucionar la vida, y que quien te ama no te daña psicológica o físicamente, sino que te hace crecer.”

 Desde aquí doy las gracias a Merche Diolch, Mar Vaquerizo y al resto de las organizadoras por su trabajo y dedicación; por invitarme y permitirme soltar el rollo. Me encantó el entusiasmo y las ganas que muestran estas mujeres capaces de sacar horas de jornadas agotadoras como trabajadoras, madres y esposas para perseguir el sueño de convertirse en  escritoras de sus lecturas favoritas.

Merche Diolch, escritora, creadora de la web Yo leo RA.

Mar Vaquerizo, escritora de thriller romántico.

 

 

 

 

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