Manual para mujeres de la limpieza, manual para escritoras.

Manual para mujeres de la limpieza Lucia Berlin Traducción del inglés, Eugenia Vázquez Nacarino Alfaguara 2016

Manual para mujeres de la limpieza
Lucia Berlin
Traducción del inglés, Eugenia Vázquez Nacarino
Alfaguara 2016

Clase magistral de literatura.

Manual para mujeres de la limpieza y su autora, Lucia Berlin fue, en 2016, uno de los “trending topic” literarios del momento. Suelo resistirme a leer las novelas demasiado elogiadas/aclamadas por la crítica o los medios. Dejo pasar un tiempo para contrastar opiniones y, sobre todo, para no dejarme influenciar. Reconozco, sin tapujos, que leo para disfrutar y para aprender como escritora, así que soy muy cuidadosa y exigente con mis lectura. Por fin este verano me animé a leerla y, ¡se merecía con creces todos los elogios!:

Creo que nunca he leído a una mujer más inteligente, sensible, tierna y valiente que Lucia Berlin”

José María Guelbenzu

2 MAY 2016 – 13:51

Lucia Berlin (Juneau, Alaska, 1936-Marina del Rey, California, 2004) 

Lucia Berlin, tan bella como admirable.

Lucia Berlin, tan bella como admirable.

Vivió una vida tan trepidante como la de cualquier heroína de novela: tenía una enfermedad que la obligó a llevar un rígido corsé durante su infancia, sufrió abusos y bullying. Careció de amor maternal y creció en una familia de alcohólicos. Vivió en la indigencia y como una damita blanca acomodada. Fue profesora de secundaria, administrativa en hospitales, auxiliar de enfermería, telefonista y señora de la limpieza. Tuvo tres maridos, cuatro hijos y diversos amantes. Crió sola a sus hijos mientras luchaba contra un alcoholismo que finalmente superó… y escribía.

Lucia Berlin se enamoró, odió, fue abandonada, abandonó. Cayó, se levantó. Se equivocó, fue ninguneada y se superó a sí misma. Esto sí que es una mujer empoderada y lo demás frases huecas.

Toda esta tremenda biografía es lo que, en relatos semiautobiográficos, cuenta Manual para señoras de la limpieza.

Lucia Berlin con sus hijos en Acapulco. 1960

Lucia Berlin con sus hijos en Acapulco. 1960

Y por Dios que lo hace de una forma magistral y tan novedosa que a mí me ha dejado con la boca abierta y babeando de admiración. Cuando sea mayor quiero escribir así. Al menos lo intentaré (creo que estoy en ello, comparto muchos conceptos de su prosa).

Berlin escribe como piensa. Tiene un discurso no lineal. La puntuación es poco ortodoxa y a veces discordante. Maneja a su antojo los tiempos verbales y los sujetos del diálogo. Huye de las comas que marcan una pausa, que no se oirá al hablar, y ralentizaran el discurso; prefiere frases breves y rotundas que cortan como navajas.

Recuerdo que una lectora (que también escribe) me comentó sobre mi primera novela, Promesas de arena, que en ocasiones se perdía en los tiempos narrativos, porque mi personaje mezclaba su pensamiento (presente) con sus recuerdos (pasado), y en otras no sabía quién hablaba al introducir sus reflexiones en el diálogo. ¡Qué orgullo, eso ya lo había hecho Lucia Berlin y yo aun no la había leído!

Como expone Lydia Davis en el magnífico prólogo del libro: “Las historias de Lucia Berlin son eléctricas, vibran y chisporrotean como unos cables pelados al tocarse. Y la mente del lector, seducida, fascinada, recibe la descarga, las sinapsis se disparan. Así nos gusta estar cuando leemos: con el cerebro en funcionamiento, sintiendo latir el corazón.”

La escritora parte de algo simple, una imagen a veces bucólica, a veces cotidiana, y la conecta con un experiencia vívida e intensa con esa naturalidad pasmosa que solo tienen los escritores geniales para mezclar sin discordancia el romanticismo y la vulgaridad, la fealdad y la belleza, lo extraordinario y lo habitual.

“… Creo que lo único que robo, de hecho, son somníferos. Los guardo para un día de lluvia”.- pg. 45

Día de lluvia. Ernest Descals

Día de lluvia. Ernest Descals

Qué hermosa y sencilla metáfora “un día de lluvia”, para referirse a esos días en los que te gustaría dormir eternamente.

“…La calle 29 también es mi parada, pero tengo que ir hasta el centro a cobrar el cheque de la señora Jessel. Si vuelve a pagarme con un cheque, lo dejo. Además, nunca tiene suelto para el desplazamiento. La semana pasada hice todo el trayecto hasta el banco pagándolo de mi bolsillo, y se había olvidado de firmar el cheque”.- pg. 45

Edwars Hopper

Edwars Hopper

Narración en presente, reflexión en medio del discurso, cambio a pasado en el mismo párrafo… Es poner en palabras lo que el personaje siente y piensa en ese momento.

“… Esperma y confitura de arándanos en las sábanas. Quinielas del hipódromo y colillas en el cuarto de baño. Notas de Bob a Linda…”

Frases cortas, directas, como flashazos que iluminan una escena. Sin florituras, sin concesiones y capaces de evocar y hacernos ver lo que el personaje ve. Me recuerdan a los cuadros de Hopper, instantes de soledad capturados en una imagen cotidiana.

Pues eso, una prosa fascinante una novela autobiográfica que me ha impactado como hacía mucho no lo hacía ninguna.

¿Lo recomiendo? No es lectura para todo el mundo, pero yo la he disfrutado muchísimo.

Me quedo con esta frase de la misma Lucia Berlin: “En cualquier texto bien escrito lo que nos emociona no es identificarnos con una situación, sino reconocer esa verdad”.

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