Qué versus cómo. Mis lecturas de verano.

La Chinoise (Jean-Luc Godard, 1967)

Lecturas y lectores. Fotograma de La Chinoise (Jean-Luc Godard, 1967)

 

 

La buena literatura es la que estremece conciencias y remueve las entrañas.

Ha sido un verano raro. Apático, creía yo, porque no tenía ganas de leer, ni de escribir, ni de pensar, ni de mirar cotilleos en redes, ni ná de ná. Solo sentarme bajo los árboles y contemplar a mis perrillos peleando y jugando. Pero a comienzos de septiembre, hago recuento de mis lecturas y, bueno, tampoco ha estado tan mal. Ha habido de todo: buenísimo, aceptable, regulero e infumable.

Digamos —me digo a mi misma— que ha sido un verano formativo. Parafraseando a Borges: “Eres lo que lees” y este periodo de lectura ecléctica a mí me ha servido para darle la razón a mi librero favorito, Óscar Sancho Logo Benedettide Librería Benedetti, que en una charla virtual sobre novelas de éxito y literatura de calidad, me comentaba: “Laura, en mis lecturas valoro el “cómo” está escrita la novela sobre el “qué” cuenta la historia.

A pesar de respetar muchísimo la opinión de alguien que ha nacido, se ha criado y  vive de una librería, un héroe en los tiempos que corren, vamos; de momento, sigo defendiendo que no todo best seller es malo, pero efectivamente, mis lecturas veraniegas le dan la razón a Óscar.

Listado y valoración de mis lecturas de verano. Por orden de lectura:

3 estrellas El invierno más largo. Cecilia Ekbäck. Thriller costumbrista con tintes góticos. No está mal, muy buena ambientación. Le sobran más de cien páginas, se me hizo muuuy largo.

4 estrellas Media vida. Care Santos. Estupendo retrato de la generación de mujeres españolas de los 60—70. Una prosa fluida y cuidada, unos personajes creíbles, perfectamente retratados y definidos. Me ha gustado mucho.

3 estrellas La casa de la playa. Nora Roberts. Sí, yo también leo romántica, la buena. La señora Roberts escribe muy bien el género, evita cursiladas, infantilismos y pone su punto de intriga. Tiene oficio, vamos, y a mí, de vez en cuando, también me gustan los sorbetes de limón para aclarar el paladar.

2 estrellas Por si se va la luz. Lara Moreno. Estupendas críticas. Una “promesa literaria” Prestigiosa editorial, Lumen. Lo dejé a medias, y mira que me joroba dejar un libro a la mitad, pero sentía que me tomaban el pelo y estaba malgastando mi tiempo. Argumento absurdo, personajes nada claros, puro postureo modernito.

4 estrellas La mirada de los Mahuad. Berta Vias Mahou. Esto es novela intimista actual y el resto intentos. Una estructura super original y una prosa que casi es poesía, repleta de simbolismos y metáforas vitales. Cruda a veces, irónica las más, y sin sensiblería ni tópicos  Me reconcilié con Lumen.

5 estrellas Cuentos. Antón P. Chéjov. Una magnífica y cuidada edición de Alba Editorial. Solo 1,98 en Kindle Flash de Amazon. Literatura de base. Quien piratea es porque quiere. Tengo que comprármelo en papel. Sin discusión, alta literatura.

 5 estrellas La balada del café triste. Carson McCullers. Deliciosos relatos del sur profundo americano, divertidos y crudos. No conocía nada de esta autora, ha sido todo un descubrimiento. También en Kindle Flash.

 5 estrellas Cuentos Completos. Mario Benedetti. Había leído algunos. Pero ver la evolución de un escritor desde sus primeras publicaciones siempre es interesante. Me ha confirmado lo que ya sabía por su poesía: Benedetti es único y sublime, sabe contar los más duro con un estilo llano y cercano.

5 estrellas La infancia de Jesús. J.M. Coetzee. A pesar de que, por lo visto, es una de sus novelas más crípticas, a mí me ha encantado la historia por cómo está escrita. Es una metáfora literaria, un símil de lo que puede llegar a ser nuestra sociedad del bienestar. En tono de distopía, nos presenta un país que acepta al emigrante —nunca nos dice de dónde viene— sin perjuicios, pero en el cual las pasiones humanas casi no existen. ¿Hasta que punto “no desear” es vivir?

4 estrellas El ruiseñor. Kristin Hannah. Una historia más sobre la ocupación alemana en Francia. Interesante, bien planteada, no llega al virtuosismo de Irene Nemirovsky, pero entretiene y está bien escrita.

3 estrellas Me llamo Lucy Barton. Elizabeth Strout. Bueeeno, me esperaba más. Se supone que explica la relación madre—hija, pero no llegas a comprenderla, tal y como está escrito. Creo que hay un problema de traducción, algunas palabras no me sonaban a castellano español. ¡Y no hay un final claro!

 1 estrella La viajera del tiempo. Lorena Franco. Absurda, infantiloide, errores garrafales de vocabulario, repetitiva, y nula documentación. Si esto es un finalista de los premios Amazon, creo que pocos voy a leer. Problema de no pasar por un editor y basarse en puntuación de fans/amiguetes. Esta chica debe tener una gran lista de seguidores.

 2 estrellas Los amores perdidos. Miguel de León. ¡Uff! Otro gran chasco. Lo pillé en la biblioteca porque había leído montones de reseñas y opiniones entusiastas, y me encuentro con un novelón en su sentido más peyorativo. Personajes sin matices, malos malísimos, buenos megasufridores, desgracias por doquier, una historia de amor que se derrumba por todos lados… Por momentos pensaba que estaba viendo Puente viejo. El fenómeno culebrón siempre vigente, dadas las opiniones vertidas. Y más de seiscientas páginas, el trabajo de editing ha debido ser arduo.

3 estrellas Más allá del invierno. Isabel Allende. Esta autora era uno de mis referentes literarios. Y digo era porque sus últimos tres libros no me han convencido en absoluto. Creo que está perdiendo el toque. Una prosa correcta, tres personajes bien definidos, su habitual tono entrañable y cercano, pero sin la magia de sus primeras novelas. El argumento, un despropósito total.

 4 estrellas Voces de Chernóbil. Svetlana Alexiévich. Un libro estremecedor, original, fluido, a pesar de estar estructurado con un enfoque periodístico, sencillo, tierno, duro pero no lacrimógeno. Quizás peque de repetitivo, hay demasiadas opiniones sobre las consecuencias del accidente. En fin,  hay que leerlo, aunque cueste enfrentarse a tanto horror y desatino.

4 estrellas El noviembre de Kate. Mónica Gutiérrez: Después de la catástrofe nuclear necesitaba algo ligero y agradable. Ya había leído una obra de Mónica y me había dejado buen recuerdo. Ésta volvió a encantarme. Bien escrita, con un lenguaje sencillo y a veces poético, sin cursilerías. De esas lecturas que te serenan y te reconcilian con la vida, aunque sepas que es un cuento de hadas. Ahora llaman a este estilo de novelas feel good, ¡qué manía de poner etiquetas! En fin, muy recomendable.

Nota: Opiniones personales, que creo me puedo permitir por mi experiencia en leer de todo y de todos los géneros.

Los autores con verdadero bagaje literario, escriban sobre lo que escriban, lo hacen tan bien que es una delicia leerles. Da lo mismo que cuenten las artimañas de una campesina para evadirse de un matrimonio desgraciado, o la debilidad de carácter de un joven hacendado (Chejov), nos describan el amor incomprensible de una ruda mujer del sur profundo por un enano estúpido y malvado (Carson MacCullers), nos relaten las tribulaciones de un marido cornudo (Benedetti), o muestren la magia de una tormenta de nieve (Mónica Gutiérrez). Historias cotidianas, simples, en apariencia anodinas, y que una escritura virtuosa convierte en sublimes por “cómo están escritas”.

Ese “cómo” no incluye frases rebuscadas, ni ripios jactanciosos, ni moñerías, ni intentos de poética mediocre. Narra algo de forma aparentemente simple pero con la fluidez y el punto justo de intriga para que el lector se interese en el relato. Un buen escritor no te cuentan lo que quieres leer, no te hablan directamente de sus vivencias personales, pero consigue, tal y “cómo” lo escribe, transmitirte su punto de vista sobre la vida… y hacerte reflexionar.

Estas estupendas lecturas me confirman una máxima que mis profes en la universidad y luego los buenos diseñadores con quienes he trabajado defendían: “lo que mejor funciona  es lo más simple, lo que no tiene excesos ni barroquismos. Y lograr esa sencillez, siempre es lo más complicado”. Un concepto perfectamente aplicable a la escritura.

Sí, la buena literatura es la que estremece conciencias y remueve las entrañas. Y no me vale el tópico de “para gustos los colores”. Estás en tú derecho de que te encante el fast food pero tus arterias y tus caderas, a la larga no te lo agradecerán. También te puede gustar la cocina de autor, allá tú, si puedes permitirte dejarte el sueldo en restaurantes a donde, más que a comer, vas a que te vean. Yo me quedo con la cocina casera y sana de siempre: hoy unos huevos fritos con patatas, mañana una lubina a la sal y el domingo un buen cocido.

El cocido andaluz mezcla caldo, garbanzos, verdura y avíos en el mismo plato.

El cocido andaluz mezcla caldo, garbanzos, verdura y avíos en el mismo plato.

Hay lecturas que son puro entretenimiento versus las que muestran otra forma de pensar. Defiendo, también como Borges, que se lea para disfrutar, pero una persona, medianamente inteligente, debería ser consciente de qué tipo de libro está leyendo e ir aprendiendo a seleccionar sus lecturas.

 

 

 

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