Sobre la volubilidad de las palabras que te hacen ser escritora.

Érase una vez…, El Domingo de las Madres, Graham Swift.

El domingo de las madres, Graham Swift

El domingo de las madres,
Graham Swift

Reconozco que soy una lectora exigente. Y no porque solo lea autores reconocidos y/o aclamados por la intelectualidad, raros o clásicos, no; yo leo de todo. Defiendo a capa y espada que cualquier novela o género literario es bueno si el autor lo es. Por eso me encanta bucear entre autores autopublicados y géneros menospreciados por quienes dicen “saber leer”.

Para elegir libros, los lectores

Los gustos de lectura son tan individuales como las personas.

En cierta ocasión, una amiga me comentó, medio escandalizada, medio apesadumbrada: “¿Por qué lees eso? Hay tanto escritor interesante y reconocido por leer.”

Bueno pues, llanamente, porque soy curiosa y creo que, de todo y de todos, se puede aprender; hasta se aprende lo que nunca debes hacer. Esos sí, con los año valoro muchísimo mi tiempo y si una novela no me convence o no me llega, a los pocas páginas la abandono.

 

Cuando descubro algún escritor que, por uno u otro motivo: su estilo, su ritmo, su prosa, la historia que narra… me llegan al corazón, me vuelvo una admiradora incondicional, que no obnubilaba. (Jamás haré grandes colas en ferias o presentaciones para conseguir la firma y la foto con el autor de turno. Aunque me encanta charlar con ellos, si tengo oportunidad). Y eso es lo que me ha ocurrido con Graham Swift y El Domingo de las Madres. Que la habilidad narrativa de este autor me ha dejado con la boca abierta y con una terrible envidia literaria (sana, que conste).

El Domingo de las Madres cuenta el momento clave en que una mujer toma, consciente o inconscientemente, la decisión de ser escritora. Jane Fairchild, el personaje principal, rememora, ya en su vejez y como autora célebre, unas horas de su juventud que ella jamás olvidará, y jamás será capaz de reflejar en sus historias, pero marcarán su destino.

Swift es capaz de describir la misma escena desde dentro y fuera de los personajes. Como si de una cámara cinematográfica se tratará, su narración enfoca el mismo momento desde diferentes ángulos. Consigue así un efecto sorprendente, consigue que el lector se convierta en protagonista y en espectador activo y pasivo de la acción.  Y lo más admirable aún, logra que la reiteración fluya y no aburra:

Página 37.- “ —Quédate ahí, Jay. No te muevas. Al parecer quería que Jane se quedara allí de pie, sin moverse, mientras sus dedos, poco a poco le soltaban botones y le quietaban la ropa que iba cayendo a su alrededor…

Él la estaba desnudando como si la despojará de unos velos. No lo olvidaría nunca.     —No te muevas, Jay.”

Página 43.- “…Entretanto, Paul Sheringham la desnudaba religiosamente a ella. —No te muevas, Jay.”

Página 44.- “…Y mientras la desnudaba, y como respondiendo a una pregunta que ella no le había hecho, dijo…”

 Confieso que lo que en principio me llamó la atención sobre está historia fue precisamente saber cómo el autor describe ese instante en que la protagonista toma conciencia de que será escritora. Y realmente lo hace de forma magistral:

Página 121.- “Se convertiría en escritora, y puesto que era escritora, o puesto que era eso lo que la había convertido en escritora, se vería constantemente asediada por la volubilidad de las palabras. Una palabra no era una cosa, no. Una cosa no era una palabra. Pero, de algún modo, ambas —cosas— se habían vuelto inseparables. ¿Era todo una gran invención? Las palabras eran como una piel invisible, una piel que envolvía el mundo y le confería realidad. Pero no podías decir que el mundo no estuviera ahí, no fuera real si quitabas las palabras. En el mejor de los casos parecía que las cosas bendecían las palabras que las nombraban, diferenciándolas, y que las palabras lo bendecían todo.

Pero nunca decía estas cosas en las entrevistas.”

La poetisa de Pompeya, probable retrato de Safo de Mitilene. Pompeya  siglo VI a.C.Yo tampoco diría algo así en una entrevista. Pero, qué verdad de escritor encierra este párrafo.

 

Sí, soy muy exigente con mis lecturas, porque realmente se publica mucho y la calidad literaria se puede contar con los dedos.

¡Ojo!, lo entiendo.

Tengo claro que las editoriales son empresas que miran por sus beneficios y lo que buscan es producto que venda. También comprendo que, hoy en día,  la gente puede permitirse autopublicar y ver sus sueños literatos impresos, aunque sea en un soporte digital. Yo me niego a seguir el paso que marcan las modas, las reseñas de blog aduladores o las doctas opiniones de los remunerados críticos literarios de los medios. Prefiero leer a mi aire.

 

Graham Swift forma parte de la generación dorada de escritores anglosajones actuales, junto con McEwan, Amis, Barnes, Boyd y Rushdie.l

Graham Swift forma parte de la generación dorada de escritores anglosajones actuales, junto con McEwan, Amis, Barnes, Boyd y Rushdie.

Con El Domingo de las Madres, una novela corta que los críticos enterados consideran menor dentro de la obra de Graham Swift — uno de los mejores novelistas ingleses contemporáneos, junto con McEwan, Amis, Barnes, Boyd y Rushdie—, con títulos como El país del agua, Fuera de este mundo o Últimos tragos, que sin duda leeré en breve, he añadido un nuevo autor actual a mi lista de maestros. Confío que la lectura de sus obras me ayude a seguir mejorando las mías.

No voy a contar mucho más sobre la novela. No hago reseñas al uso, simplemente “cuento sobre lo que leo” y plasmo mis impresiones en esta bitácora. Si alguien está interesada/o en una reseña lectora formal, rigurosa y contrastada,  puede pasarse por el blog Página 13 M&R, de Martina y Rosalía. Por su post me interesé en este libro y me ha encantado.Art_&_Language,_Two_Black_Squares_(The_Paradoxes_of_Absolute (2)

Mil gracias, pareja,  por vuestra excelente selección de lecturas.