Cuando se te atraganta un sorbete de limón

Se sirve entre plato y plato para facilitar la digestión y limpiar el paladar.

Se sirve entre plato y plato para facilitar la digestión y limpiar el paladar.

Lecturas al calor del verano

“Sorbete de limón”, así denomina Raquel, una buena amiga y gran lectora,   a las novelas románticas que intercala entre lecturas más contundentes. Historias fáciles con final siempre feliz que te dejan una sonrisa en los labios y olvidas sin remordimiento. Un sorbete de limón digestivo y relajante. A todos (o a casi todos, no quiero generalizar), en algún momento, nos gustan los cuentos de hadas. A mí también.

No estoy con ello denigrando el género romántico. Pienso que toda obra es buena si su autor lo es. Es simplemente que, como cualquier otro género literario, tiene sus reglas y en este caso son que la historia no perturbe al lector en demasía, la chica consiga a su hombre, el hombre salve a su chica, se casen, vivan felices y coman perdices. Una lectura dulce y complaciente, vamos.

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Y como las tórridas noches que nos está regalando este verano invitan a lecturas ligeritas, decidí mitigarlas leyendo un premio digital de novela romántica. Una amiga escritora había resultado finalista en este certamen, con una muy digna novela del género, y me inspiraba confianza. Craso error.

Sí un premio literario de una conocida editorial internacional de novela romántica. No voy a mencionar ni cuál es, ni el título de la novela, ni mucho menos el nombre de la autora porque no es mi intención darle notoriedad a la obra, ni recoger firmas para que todos ardan en la hoguera. Mi intención es simple y llanamente desahogar mi indignación. Como reflexiona sabiamente la escritora Alena Collar: “… muchas veces pienso que el verdadero pensamiento libre es el que parte de nosotros y no de las ideas que recibimos de otros; me gusta pensar por mí, no que me digan cómo tengo que pensar, aunque eso traiga como consecuencia no estar casi nunca en casi ningún “grupo” de “los que opinan como yo”. Creo que ser libre es ser capaz de tener opinión propia, no impostada, y ser capaz de defenderla.” Me encanta tu reflexión Alena.

Pues bien, dejando claro que esto es algo así como mi “derecho a pataleo”, puedo declarar y declaro que hasta los sorbetes de limón se atragantan. Sobre todo cuando atónita leí (por dos veces, no me lo podía creer y pensé que, dadas las horas que mis ojos llevaban abiertos, no había entendido el pasaje) en una novela escrita por una mujer de nuestro tiempo lo siguiente:

“… la agarró con fuerza para besarla. Lo hizo brutalmente mientras ella se resistía… (mafalda-indigel sujeto es “el chico bueno/esposo” de la heroína)… Se pasó la mano por los labios, el mordisco que Rosa acababa de darle le arrancó unas gotas de sangre. Eso aún le enfureció más, y con la misma mano ensangrentada le dio una bofetada a su mujer. Lo hizo con tanta fuerza que Rosa cayó sobre la cama…”

Si la autora quería dar el máximo dramatismo a su climax, hay mejores recursos. O al menos, como escritora debería tenerlos.

Pero ahí no queda el asunto. En una novela se puede describir una escena de maltrato para contar la historia, te puede gustar o no, pero hasta ahí todo en orden. Lo que me indigna como mujer es que en las páginas siguientes se disculpe la agresión e intento de violación marital culpabilizando a la esposa:

“Y quizá no hubiera actuado así si tú no te hubieras acercado tanto a Armando. Tú tampoco has sido muy honesta con él, debes reconocerlo.”

¿Apología encubierta de violencia de género, reflejo de la actitud social, despiste de la autora, de la correctora, de la editora? ¿Dónde queda lo de “tolerancia cero con la violencia machista”?

pride_and_prejudice_large-225x300“Es de todo el mundo sabido”, y sí es el comienzo de una novela romántica que se ha convertido en clásica precisamente por poner en entredicho con sutil ironía los valores de la sociedad de su época, que el género romántico reproduce conceptos patriarcales y machistas, pero que reproduzca actitudes de violencia contra la mujer me parece imperdonable. El cambio debe comenzar desde nosotras mismas y no tirar piedras a nuestro propio tejado.

Reitero lo dicho. No hay género menor en literatura. Hay novelas que no deberían publicarse, y mucho menos otorgarles un “galardón literario”.

 

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