El retrato de Irene. La buena literatura de los “mediopensionistas”

“Y nosotros, los actores; figurantes que aparecen, desaparecen, regresan…, fantasmas en algún caso, con sus ecos que resuenan, y en medio de todo eso, la felicidad o su ausencia, la belleza o su destrucción, el miedo, un drama o una comedia, un vaudeville o una tragedia y sus coros…, esos coros suicidas, trayendo la guerra, la muerte, el dolor mientras en el decorado, en el jardín, siguen naciendo rosas. Como si nada sucediera…, exento.”

No, no es un texto de Carmen Martín Gaite. Ni de Ana María Matute, ni de Montserrat Roig. ¡Noo! tampoco es de Concha Alós. Pero ¿a qué encaja con esa literatura intimista que ellas hacían y nos han dejado en sus novelas para que algunos escritores aprendamos? Esa escritura que va entrando pausadamente en ti mientras lees, que  —parafraseando de nuevo a Martín Gaite— tiene un “ritmo lento” y es capaz de mostrarte una realidad dura, como algo cotidiano, o un hecho banal como una gran tragedia.

El retrato de Irene tiene ese ritmo lento que en principio me desconcertó. No conseguía engancharme. Hasta que dejé de buscar “el gancho” y las palabras me atraparon. Entonces me fascinó.

Alena Collar - Ed. Baile del sol

Alena Collar – Ed. Baile del sol

El retrato de Irene — Alena Collar

Editorial Baile del Sol — 2016

Colección Narrativa/172

 

Sinopsis

El retrato de Irene es una historia coral, un tapiz a construir, una memoria de otros y de la propia Irene. Cuando Álvaro, su nieto, a la muerte de esta, regresa a la casa familiar para venderla, desconoce que va a emprender un viaje; un viaje a través de los años y los recuerdos tanto de Irene como de quienes la rodearon.

Pero también desconoce que, al conocerlos, va a completar no sólo el retrato de Irene, sino el suyo propio, de dónde procede, el porqué de los silencios que le han rodeado, y sobre todo qué significa la Belleza en alguien que asistió a su crepúsculo.

Alena Collar

Alena Collar

Según su autora, Alena Collar , “El retrato de Irene, es una historia de una mujer. De cómo los acontecimientos exteriores a ella mutilan su mundo interior y de cómo se transita a través de los años intentando ser quien se es. Y es una historia de la pérdida. De la Belleza y de la derrota. Pero a la vez, de la memoria que otros pueden recobrar sobre el pasado para devolver a su lugar en el mundo a quienes lo perdieron.”

Irene escapa de una guerra, de España, de la nuestra. Escapa de sí misma y se refugia “en su jardín”, en la Belleza. El jardín entendido como metáfora de tu interior. Ese lugar en el que estás a salvo, donde nada te toca y solo reina la Belleza.

No es El Jardín de Dulce María Loynaz, poblado de lirismos y fantasmas, donde solo habitan los recuerdos. Cuando comencé a leer “jardín” inmediatamente recordé esa mística novela, precursora del realismo mágico, y no me cuadraba nada con el estilo y la historia. Porque no es el jardín que fagocita con su belleza una época que agoniza: . “…Hay un jardín que viene sobre el mundo, que derrumbará, con el mortal abrazo de sus ramas, las casas de los hombres, con chimeneas, con banderas, con luces, con mentiras…”. Eso dice Loynaz de su jardín. 

Irene, el personaje de Alena Collar, no quiere recordar, ni retener el pasado. Solo pretende perderse en la Belleza, ajena a una realidad que no considera suya.

Pero: “Las balas no conocen la Belleza”

Y en otro país, en esa realidad en la que Irene no se encuentra, la historia se repite. E Irene sigue callando recopilando su historia en unos cuadernos que su nieto deberá desvelar para encontrar su propio jardín.

Hacía tiempo que no me resultaba tan agradable una novela. El retrato de Irene no es un thriller que te mantienen en vilo, pero guarda un secreto. No es un “domestic noir” de esos que todo el mundo escribe ahora, pero tiene la magia de convertir un secreto familiar en una novela de intriga. Y sobre todo me ha gustado esta historia porque es una novela hermosa.

Descubrí a Alena Collar y a su escritura por casualidad en la Feria del Libro. Comencé a leer su post y entradas en redes sociales y me gustaron. Quién sabe escribir, escribe bien aunque sólo cuente que baja a tomar un café.

Alena no es una escritora superventas, apenas encuentras reseñas sobre sus libros en internet. Ella misma se denomina con humor “escritora mediopensionista”. Pero si indagas en su biografía y te adentras en su narrativa, descubres una gran escritora.

Si queréis saber más sobre Alena y sus novelas, animaros a visitar Alena Collar. Página literaria en Facebook.

 

Deja un comentario