La lengua de los secretos. Martín Abrisketa

LA LENGUA DE LOS SECRETOS

Enlace a booktrailer con declaraciones de Martín Abrisketa.

Memoria histórica de corazón y sin rencor.

“Si queréis imaginaros cómo era mi familia mientras leéis los hechos, encended el televisor. Algún canal emitirá imágenes de refugiados huyendo. En la mirada de esas personas aterradas está escondido mi padre. “Somos nosotros”, me dijo cuando vio a la gente escapar desolada de las aldeas de Bosnia durante la guerra que destruyó la antigua Yugoslavia. “Sé cómo huelen, sé lo que sienten, éramos así, la misma ropa, los mismos piojos, idéntica miseria.”

La lengua de los secretos

MARTÍN ABRISKETA

He leído varias novelas que trataban el tema de nuestra guerra civil. Algunas me han gustado por su contenido humano, otras por su rigurosidad histórica y, las menos, las he cerrado en un ataque de indignación, por la visión sesgada y partidista con que se contaban los hechos a pesar de que la autora, enarbolando la bandera de la concialición, hubiera titulado su obra con el verso de un poeta encarcelado y muerto por quienes se levantaron contra un gobierno legítimo.

A los mayores de mi familia he oído relatar muy pocos sucesos de la época. Curiosamente, todos –como Martintxo- querían olvidar, o simplemente contaban anécdotas benévolas con la situación traumática que vivieron. El bisabuelo de mis hijos, un militar de carrera que no se adhirió al levantamiento y pasó varios años encarcelado, se negaba en redondo a satisfacer la curiosidad de sus hijos y nietos en un intento de no recordar y de no fomentar “viejos odios”. Somos originales hasta para eso, mientras el resto de Europa aireó y enjuició los horrores de la Segunda Guerra Mundial y ha conseguido superarlos, los españoles echamos un tupido manto de olvido legal y social sobre una guerra en la que murieron millones de españoles y aún hoy miles siguen enterrados en las cunetas. Las heridas se curan al aire, decía mi madre cuando me hacía un raspón en las rodillas. Las heridas de nuestra cruenta guerra civil, tapadas, amordazadas o ignoradas, aún siguen latentes por mucho que nuestros próceres se empeñen en obviarlas.

 La legua de los secretos es la primera novela sobre la guerra civil que me ha llegado al corazón. La primera que me ha hecho sentir todo lo que nos callaban los mayores: el miedo, el frío, el hambre; pero también el afán de sobrevivir, la solidaridad y el calor humanos.

Los dos Martín Abrisketa

Los dos Martín Abrisketa

Martín Abrisketa nos cuenta, con una prosa sorprendentemente ágil y poética, las vivencias de su padre y sus tíos, cuatro chiquillos perdidos en el horror y la desolación de una guerra que sus mentes infantiles no asimilan. Cada uno de ellos la transforma a su manera para sobrevivirla, pero es la voz de Martintxo, el padre de Martín, y su fantasía desbordante quien nos narra su camino de ida y vuelta al exilio a través de la soledad y la desolación. Por eso, por la imaginación y la inocencia del niño los hechos se relatan con la sinceridad de la mente infantil y sin odios ni inquinas.

La guerra vista por Martintxo

La guerra vista por Martintxo

La lengua de los secretos es una novela deliciosa, un historia que te hace reír y llorar con las travesuras y la imaginación de su protagonista y que, a pesar de sus más de quinientas páginas, se lee de corrido gracias a un estilo literario intimista y conmovedor. Martín Abrisketa realmente se ha implicado de forma muy personal en su primera novela, en alguna entrevista ha dicho que para él escribir la historia de su familia ha sido una catarsis, y le creo rotundamente, porque al leerla sientes que realmente se entrega en cada frase.

La novela me ha sorprendido de veras, y más aún si se piensa que es la primera obra literaria de su autor. Yo la recomiendo encarecidamente, y pocas veces me atrevo a decir algo así. Martín Abrisketa apunta maneras de escritor de categoría. Esperemos que su segunda novela sea tan entrañable y encantadora como esta primera.

NOTA: Todas las reseñas que publico son opiniones personales como lector. No me considero crítico literario con autoridad para emitir una opinión profesional, pero desde niña soy una lectora empedernida y algún criterio me ha dado esta experiencia.

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