Los dulces anuncios de la Navidad

Los publicitarios aprendemos a contar buenas historias en 20” y terminamos plasmándolas en 200 páginas. #novela Promesas de Arena

Spot Tristón  1987

Tistón sólo quiere un amiguito

 

Navidad es sinónimo de anuncios de lotería, turrones, perfumes y juguetes. Mi primer anuncio navideño, hace ya unos cuantos años, recién salida de  la facultad allá a finales de los ochenta, fue el famoso “Tristón sólo quiere un amiguito”

Muchos lo recordaréis por la llorera que obligó a vuestros papás o abuelos a pelearse por el maldito muñeco en las tiendas –agotaron existencias-.

Era sentimentaloide a tope  pero funcionó. Algunos detractores lo tildaron de traumático para los niños por su desgarro emocional, sinceramente me pareció y me parece cargar las tintas, a fin de cuentas los creativos (Mario Vázquez Figueroa, Laura Garzón y Estudios Moro, en la realización) nos limitamos a seguir el guión trazado por las películas de Disney: apelar a la compasión y al altruismo humano. Hoy bien podría servir para recoger a tanto perro abandonado y maltratado que anda por ahí.

 Esta Navidad el anuncio de la Lotería Nacional también abusa de sentimientos y se está convirtiendo en viral, 

supera ya el millón de descargas en Youtube.

Mi enhorabuena a los creativos y al director –de cine- que lo han creado y desarrollado tan cuidadosamente. Hasta el claim es viral: “El mayor premio es compartirlo”. Y es que indefinitiva a lo que apela el spot es a la “bondad intrínseca del ser humano” que nos descubría Rousseau hace ya varios siglos. En el fondo somos buenos, compasivos, generosos y nos encanta que nos provoquen la lagrimilla. Por eso triunfan desde siempre los folletines, los culebrones sudamericanos de pro y las novelas de amor donde los protagonistas vencen todos los obstáculos y al final comen perdices. Y todo eso lo sabemos tanto publicitarios como escritores. Y nos encanta explotarlo, porque por muchos detractores que haya tenido mi Tristón, seguro que ellos también guardan con cariño al perrito, sino sobre su cama, en algún lugar de su armario. Y quiénes ahora vuelcan sus críticas sobre el spot de la Lotería  la primera vez que lo han visto ha tenido un nudo en la garganta y han suspirado de satisfacción ante el gesto altruista de Antonio, el propietario del bar.

Engancha y emociona.

Engancha y emociona.

Yo no reniego de mi Tristón, ni de este anuncio de la Lotería tan sentimental. Es bueno llorar, dejarse arrastrar por los sentimientos, ser generosos, ser humanos. Y como humanos decidir o elegir racionalmente nuestros actos y nuestro destino: gastarnos la pasta en un billete de lotería… o no, y no confiar en  la suerte. Esto es lo que hace Lucía, mi protagonista de Promesas de Arena: elige, superando sus propios sentimientos, y recibe su premio. Yo al final por fin me decidí a contar historias en doscientas páginas.

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