84, Charing Cross Road, el libro de los libros

84, Charing Cross Road, Helene Hanff, traducción de Javier Calzada. Anagrama 2018

Me he enamorado de este librito sobre libros

Fachada, librería El Torreón de Rueda, Segovia
Estanterías de librería El Torreón de Rueda, Segovia.

¿Cómo he podido sobrevivir hasta hoy sin conocer esta maravilla? Yo, que adoro los libros tanto por su contenido como por su edición. Yo, que me pierdo en las librerías de lance, como si entrara en un espacio mágico. Que babeo de placer acariciando el lomo de un viejo tomo encuadernado en cuero y me coloco con su olor…

Helene Hanff, dramaturga, guionista e ingeniosa escritora de cartas.

84, Charing Cross Road se publicó por primera vez en 1969 en Estados Unidos. Su éxito fue fulgurante y su autora, Helene Hanff, logra en pocos meses el reconocimiento que no había conseguido en su trayectoria como dramaturga, guionista de televisión y escritora de textos educativos.

84, Charing Cross, 1960

Una historia real convertida en leyenda

En las poco más de 100 páginas de su libro, que no novela, quedan las cartas que durante veinte años cruzó Helene con el librero Frank Doel, los empleados de Marks & Co. y personas relacionadas.

Calles de Londres bombardeada durante la segunda guerra. (Photo by Fox Photos/Getty Images)
Nueva York, años 50

Un intercambio epistolar que comienza en octubre de 1949 y a lo largo de esos años refleja la evolución y el contraste entre las dos culturas anglosajonas que comparten la misma lengua. Inglaterra, junto con su aliada Norteamérica, sale triunfadora de una guerra pero sufre las consecuencias económicas y sociales de su esfuerzo bélico. Estados Unidos, por el contrario, a pesar de la recesión, está en plena efervescencia. Aunque los americanos han participado en las batallas no han sufrido en su territorio la devastación y los bombardeos. Al otro lado del Atlántico no hay racionamiento ni escasez de alimentos. ¡Las medias de nylon no son artículo de lujo!

Un inmenso amor por la literatura y la edición

Sobre este marco, la correspondencia intercambiada entre Helene y su interlocutor en Mars & Co., Frank Doel, desgrana ingenio, ironía, desparpajo, y, sobre todo, un inmenso amor por los libros, de uno a otro lado del Atlántico.

“El Newman llegó hace casi una semana y ahora comienzo a recuperarme de la impresión. Lo tengo junto a mí todo el día, en mi mesa de trabajo, y de vez en cuando paro de escribir a máquina y alargo la mano para tocarlo. No porque sea una primera edición, sino porque jamás he visto un libro tan bello…” Pg. 32

Gracias a la publicación del librito en Inglaterra, en 1971, Helene pudo por fin viajar a Londres y hacer los recorridos literarios que comentaba a su amigo librero Frank Doel. Lamentablemente, cuando llega, él ya no está y la librería Marks & Co. ha cerrado para siempre.

84, Charing Cross Road es el libro de los bibliófilos

Como refleja Thomas Simonnet en el revelador post scriptum que cierra la edición de Anagrama:

“…un periodista de Newsweek declara: «84, Charing Cross Road es uno de esos libros de culto que los amigos se prestan unos a otros y que transforman a sus lectores en otros tantos miembros de una misma sociedad secreta.» Pg. 125

Sí, me ha enamorado este librito epistolar; a criterio de muchos, el libro para bibliófilos por excelencia, no solo por su prosa encantadora y sus menciones a obras literarias inglesas, sino porque te hace reflexionar sobre temas de total actualidad hoy, en la era del libro digital.

Veréis, continuamente leo en las redes a lectoras (somos muchas más lectoras que lectores) que esgrimen el alto precio de los libros para justificar la piratería y obvian que es muy similar a lo que se gastan en la terraza del bar. Quieren disfrutar de un buen rato de lectura sin recompensar al escritor, al traductor, al editor, al maquetador, al impresor y al librero que hace posible ese milagro. Estas palabras las escribe Helene Hanff en 1952 y aún son totalmente vigentes: “Qué mundo tan extraño éste nuestro, en el que uno puede adquirir para toda la vida algo tan hermoso…, por lo que cuesta una entrada de cine de Broadway, o por la quincuagésima parte de lo que te cobra un dentista por empastarte un diente!”. Pg. 72

Asimismo, esta otra joyita me ha recordado el afán que tienen muchos lectores digitales por acumular e-books en sus e-readers, porque son gratis o a precios irrisorios. Libros que engullen sin digerir, o a veces duermen eternamente en la memoria de sus dispositivos sin haber sido leídos: “… Mis amigos son muy peculiares en cuestión de libros. Leen todos los best sellers que caen en sus manos, devorándolos lo más rápidamente posible…, y saltándose montones de párrafos según creo. Pero luego JAMÁS releen nada, con lo que al cabo de un año no recuerdan ni una palabra de lo que leyeron.” Pg. 75

¡Ojo! Yo no estoy en contra de la edición digital, leo en ambos formatos. Pero sí me repele el consumo indiscriminado de esa narrativa, con un valor literario incierto, que se consume, por su bajísimo precio, en las plataformas digitales.

Para seguir leyendo sobre temas bibliófilos

Si alguien tiene interés en lecturas que versen sobre amor a libros y bibliotecas, les remito a este divertido artículo de Regina Exlibris en 20 minutos: “6 novelas de librerías para inducir un coma libresco a tu bibliofilia” . Yo también añadiría «La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey» de Mary Ann Schafer.

El triunfo tampoco es la panacea

84, Charing Cross Road se convirtió en un libro de culto que permitió a su autora viajar a menudo a su amada Inglaterra. En 1975, la BBC produce un telefilme basado en el libro. En 1981 la adaptación de James Roose-Evans triunfa en el Ambassor Theatre de Londres; y al año siguiente en Broadway. Helen se sintió decepcionada por no participar en la adaptación.

La carta final, adaptación cinematográfica de 84, Charing Cross.

Por fin, en 1987, 84, Charing Cross Road es llevada al cine con un reparto de lujo: David Jones dirige a Anne Bancroft y Anthony Hopkins en una gran película, en castellano con el título “La carta final”. Doy fe de que lo  es, la vi nada más terminar el libro y me encantó. Está en Netflix, por si tenéis interés.  

Helen Hanff continuó viviendo en su estudio de la calle 72 Este, rodeada de sus tesoros bibliográficos de Marks & Co., subsistiendo apuradamente de sus derechos de autor hasta su muerte a los ochenta años, sin un céntimo y sin herederos, en una residencia de Manhattan.

Ella misma se asombraba de la conmoción provocada por su libro:

“Lo que me ha sucedido en estos diez últimos años es realmente increíble. ¡Admiradores del mundo entero me consideran su amiga! En Londres, por las cartas que escribí, ¡han colocado en el emplazamiento de la librería, una placa de cobre con mi nombre! Sigo pensando que soy una escritora sin cultura ni demasiado talento, pero a pesar de todo ¡me han dedicado una placa en un muro de Londres! ¿Quién se atrevería a imaginar una historia así?”

Nunca hay que perder la esperanza de que un día se reconozca tu obra, me repito cada mañana al levantarme (y quien no se consuela es porque no quiera, jejeje).

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